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PARADIGMAS DE LA COMPETITIVIDAD TURÍSTICA
El aporte del turista se compone del esfuerzo económico y de las inseguridades e incomodidades que se encuentra en el destino que haya elegido. Entre ellas se encuentran la contaminación, el tráfico peligroso, medios de transporte inseguros, agresiones físicas, robos, condiciones no higiénicas de servicios turísticos, servicios turísticos no categorizados, ausencia de cambio de moneda oficial, facturación irregular, percepción de hostilidad hacia el turista, sensación de inseguridad social, temor a actos terroristas, sensación de discriminación, mala comida, transporte ineficiente, escasez o mala ubicación de los servicios, lentitud en la prestación, entre otros.
Por Manuel Neira Sánchez
Para intentar comprender la importancia de la competitividad en la actividad turística es necesario admitir dos importantes paradigmas: la industria turística integra negocios de sectores muy diversos y la responsabilidad del Estado con el sector turístico
Los turistas viajan para tener experiencias gratificantes que les proporcionen un alto “valor percibido”. Estas experiencias se obtienen realizando actividades muy diversas que configuran una demanda genérica distinta y, de hecho, un mercado distinto.
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Dicho “valor percibido” procede de la cantidad y calidad de servicios recibidos a lo largo de su experiencia turística en un destino determinado. Pero también procede del conjunto se sensaciones (vivencias, percepciones, interrelaciones y estados emocionales) experimentados durante su viaje.
El aporte del turista se compone del esfuerzo económico (precio y condiciones de pago) y de las inseguridades e incomodidades que se encuentra en el destino siendo las más frecuentes las siguientes:
Contaminación, tráfico peligroso, medios de transporte inseguros, agresiones físicas, robos, condiciones no higiénicas de servicios turísticos, ausencia de tarifas, servicios turísticos no categorizados, ausencia de cambio de moneda oficial, facturación irregular, percepción de hostilidad hacia el turista, sensación de inseguridad social, temor a actos terroristas, sensación de discriminación, mala comida, transporte ineficiente, escasez o mala ubicación de los servicios, lentitud en la prestación, etc.
La responsabilidad del Estado
El Gobierno debe mantener y potenciar altos niveles de seguridad en las zonas turísticas, promover mejores servicios, cuidar la estética de los espacios turísticos, concienciar al personal de estos servicios para que mantenga la tradicional hospitalidad que caracteriza al país y, en general, todo aquello que contribuya a aumentar las sensaciones y reducir las incomodidades e inseguridades.
Para alcanzar una alta competitividad se necesitarán más y mejores puertos, aeropuertos, carreteras, telecomunicaciones, vigilancia seguridad, servicios médicos, universidades, transporte, servicios de inmigración, parques nacionales, recreación y entretenimiento, prestación de servicios en múltiples actividades, etc., en cantidad y calidad necesarias, bien a través de inversiones directas o indirectas (concesión o privatización). El Gobierno debe garantizar una óptima operatividad en las citadas acciones.
Lo importante para desarrollar una política turística eficaz es reconocer que cada destino tiene su propia problemática competitiva que exige una gestión local de la misma. En este sentido el Gobierno creará las condiciones competitivas generales y dará soporte a los programas de competitividad específicos de los destinos turísticos, en estrecha colaboración con los responsables políticos provinciales, con un compromiso personal de los citados en la actividad turística.
El valor percibido por los turistas está relacionado directamente con el funcionamiento del sector público.
La competitividad se manifiesta a través de síntomas muy claros: alta demanda, precios, rentabilidad, buenos salarios, superávit financiero en los departamentos, empresarios motivados y con seguridad en el futuro, fluidez crediticia, mejoramiento del espacio natural y urbano, etc.
La competitividad también requiere atractivos turísticos adecuados, planificación y ordenamiento turístico inteligente, recursos humanos abundantes y bien cualificados, infraestructuras y equipamientos en buenas condiciones, fácil acceso a las nuevas tecnologías y financiación a costo razonable para lo cual el Gobierno promoverá, en cooperación con la banca, el desarrollo de los mecanismos adecuados para que las empresas puedan ser competitivas eliminando, entre otras, trabas administrativas, laborales, financieras y fiscales lo antes posible.
La realidad actual nos retrotrae a los pocos destinos turísticos con que cuentan los países emergentes con rentabilidades poco competitivas que requerirán de acciones específicas para mejorarlas. La capacidad del sector turístico en estos países debe ser fuertemente reforzada para adaptarse a las amenazas de los competidores, a la creciente fuerza negociadora de clientes y proveedores y a la competencia de países con potencial turístico.
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