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En su momento, años atrás, se esbozó un programa denominado PROSUR; que por circunstancias ajenas a la realidad del turismo no pudo terminar de concretarse, y, si no me equivoco (si se demuestra lo contrario, con satisfacción rectificaré mi comentario), duerme en los archivos de los Ministerios correspondientes de los países integrantes en aquel entonces. (Colombia, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Venezuela y Ecuador).
El proyecto tuvo un dinamismo inicial que hacía prever alcanzar logros en un plazo mediano, pues contó con el impulso y compromiso de los altos dignatarios del sector de los países miembros.
Por ejemplo, en 1995 de efectuó la primera reunión iberoamericana de Ministros de Turismo en Palma de Mallorca. En 1996 se efectuaron 3 reuniones de Ministros de Turismo (La Habana, Montevideo y Quito) y una de Jefes de Estado (Managua). Con posterioridad de efectuaron reuniones en Uruguay, Madrid, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Sería muy conveniente para nuestro Continente que, o bien se retomará el mencionado proyecto o se desarrollara otro con idénticas características por su impacto en las economías regionales en cuanto a ingresos de divisas se refiere y, por supuesto, a la importante cuota de puestos de trabajo que la industria turística requiere. Por supuesto, estos destinos deben contar con servicios de calidad para poder competir con otros países ya posicionados internacionalmente y que generan gran cantidad de recursos económicos para éstos.
Dicho proyecto debe incorporar acciones para la mejora de la competitividad turística del continente, a través de programas de formación, creación de un sistema de calidad, programas de mejora de infraestructuras y captación de inversiones que permita incrementar la cuota del mercado regional en el continente frente a los países ya consolidados en el mundo.
Los beneficios son indudables para los países que intervengan en el citado proyecto. Este permite una reducción importante en los costos de los programas citados anteriormente y aglutina los principales productos turísticos de la región utilizados por los países que se conformen, creando una “identidad corporativa homogénea” común para Iberoamérica sin que destaque ningún país por encima de otro.
Los Organismos Internacionales de financiación como la U.E, el BID, etc., son cada vez más reticentes al esfuerzo de financiar y administrar proyectos pequeños de poca “notoriedad” y dudosos resultados. Estos necesitan proyectos ambiciosos y rigurosos en los que perciban la posibilidad de conseguir importantes éxitos técnicos y políticos. En este sentido el proyecto de desarrollo turístico para el continente es, con seguridad, un proyecto de gran interés para estos organismos.
Asimismo, los patrocinadores multinacionales exigen proyectos más ambiciosos, técnicamente perfectos y diseñados para tener un fuerte impacto y una continuidad, por lo que creo que un proyecto de estas características tiene unas excelentes oportunidades para la captación de inversionistas internacionales.
Por último, debemos tener en cuenta que contar con un proyecto de esta naturaleza actúa de forma beneficiosa en la industria turística a medio y largo plazo creando bienestar y riqueza a los países que se integren en el mismo.
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